Por Juan Carlos Fola
Hasta hace pocas semanas, los vinos argentinos casi no existían para Parker y compañía. Pero para sorpresa de muchos (nos incluimos), una catarata de puntuaciones sorprendentes favoreció a numerosas bodegas nacionales. ¿Casualidad o causalidad? Todos saben que aparecer en TWA no es gratis para nadie. Uno no cree en brujas, pero que las hay, las hay. Alguien debe haber pagado por eso, aunque bienvenido sea si sirven para cotizar a nuestros vinos en el exterior. Pero algo de maquiavélico hay en toda esta movida. Negocio sin ética, que le dicen.
Sus seguidores lo consideran el “emperador del vino”, quienes reniegan de su nefasta influencia, lo califican un comerciante asociado con el enólogo más famoso, Michel Rolland, para sobrestimar el nivel de muchos vinos, que a partir de una excelente calificación en la revista The Wine Advocate pasan a ser más demandados, y por ende aumentan de precio de manera realmente sobredimensionada en los mercados mundiales.
Como sea, nadie puede negar la gravitación que tiene para cualquier bodega y/o etiqueta aparecer en esta publicación norteamericana. Para mal o para bien, Robert M. Parker Jr., de quien hablamos, es un referente de la industria vitivinícola. Nació en Baltimore en 1947. Graduado en Historia e Historia del Arte en la Universidad de Maryland, durante varios años ocupó cargos de importancia en la banca de Baltimore. Pero un día, siguiendo a una joven (que hoy es su mujer, con la que lleva casado casi 4 décadas), viajó a Francia y su vida cambió para siempre.
Su interés por el vino surgió en 1967, cuando visitó a aquella novia, que residía en tierras alsacianas. En 1975, empezó a escribir artículos y poco después, publicó una guía destinada a los consumidores. De ahí a crear The Wine Advocate hubo sólo un paso. De los 600 suscriptores iniciales, hoy tiene 50 mil en los Estados Unidos, aunque la revista se distribuye en otras 37 naciones.
No pretendemos aquí extendernos en la biografía del polémico personaje. Tal vez baste decir que ha sido el principal apóstol de los vinos excesivamente “maderizados”, de una concentración que hace que los vinos sean muy aptos para concursos, pero mucho menos para beberlos con facilidad y placer. Da la casualidad (u otra vez la causalidad), de que los vinos que hace Michel Rolland sean excesivamente “maderosos” y mejor puntuados por Parker. La de ambos es una sociedad no escrita, pero real a todos los efectos.
Se dice en el mundo del vino, que una etiqueta que aparece en TWA tendrá su futuro asegurado en la comercialización. No es casual tampoco que muchas bodegas muy bien catalogadas, sean avisadoras de la revista en cuestión. Pero una cosa es el negocio y otra la ética. Si usted quiere saber más del tema, no tendrá más que ver la película Mondovino.
¿Sirve o no sirve?
Un pragmático dirá que no importan las polémicas ni las dudas sobre la intencionalidad de la publicación, sí que las ventas aumentan muchísimo de esta manera. El fin justifica los medios, entonces. ¿Cómo se entiende acaso que la revista, a través de Jay Miller, un esbirro de Robert Parker, haya puntuado favorablemente a 253 vinos argentinos? Esto ocurrió en la edición de agosto de la famosa revista, después de que sistemáticamente se haya “ninguneado” a los vinos nacionales.
Muchos creen ver la mano de Wines of Argentina en esta movida. La entidad encargada de promocionar nuestros vinos en el exterior, es habitual sponsor de la publicación “parkeriana”. Volvemos a las causalidades. Pero más allá de esta suposición, que no hemos podido confirmar, el efecto cascada ha sido importante para los vinos nacionales.
No es tampoco una casualidad que en esa lista convivan etiquetas muy concentradas, onda Michel Rolland (incluyendo algunas de su propiedad o de bodegas asesoradas directamente por el gurú francés), con otros vinos mucho más “bebibles” y afines al gusto local.
En el sitio e-RobertParker, se pudo leer en julio pasado un título que decía textualmente: “Argentina es el más excitante de los países del nuevo mundo del vino”. Mientras tanto, Neal Martin, otro colaborador de TWA, señala: “Preparen las empanadas, el ritual argentino”. Y luego menciona las notas de cata de medio centenar de vinos locales, merecedores de puntuaciones cuanto menos cuestionables en muchos casos.
Habrá que ver, entonces, si se trata sólo de un “veranito” o si realmente el “emperador del vino” ha desembarcado en este país del nuevo mundo para quedarse. Todo dependerá del dinero que se ponga, o que se quite. Porque como ya dijimos, nada es gratis en el universo parkeriano.
Sistema Parker de puntuación
Una de las novedades incorporadas por The Wine Advocate, fue precisamente la calificación de los vinos de 50 (nuestro 0) a 100 (el 10 local). Parker tomó el sistema norteamericano de corrección de exámenes en los EE.UU., lo cual le ha dado un enorme resultado. Así es la escala:
50-59 Defectuoso
60-69 Regular
70-79 Correcto
80-84 Bueno
85-90 Muy Bueno
90-95 Excelente
96-100 Extraordinario